Concepto Directivo del Refugio Heidi y Pedro A.C. en Guadalajara, Jalisco

El trabajo de promoción y acompañamiento educativo
• Desde el marco teórico el educador o la educadora tiene que clarificar la situación actual del niño, sus inquietudes, dudas, habilidades y necesidades, su cultura, y sus valores.
• El trabajo de promoción y acompañamiento educativo debe partir de distinguir muy claramente lo que son los niños de la calle (los niños callejeros) de los que son niños trabajadores en la calle.
• Para cada una de estas categorías, es preciso desarrollar estrategias educativas, de promoción y de organización profundamente diversas. Confundir una y otra puede conducir a graves errores y a recrudecer, incluso, el problema de la existencia de niños de la calle. Una prolongada cercanía y convivencia del niño trabajador con los niños de la calle puede ser el detonante de la ruptura de aquél con la familia, la escuela y el trabajo, y ocasión para que adopte algunas conductas callejeras que le son perjudiciales, tales como el robo o la droga. De aquí, pues, que para estos distintos tipos de niños se propongan estrategias y programas profundamente diversos.
• El ofrecimiento de apoyo del refugio Heidi y Pedro dirige a la categoría de los niños y adolescentes de la calle, a quienes que abandonaron la casa y la familia definitivamente.

Los objetivos principales
• Procurar la incorporación social crítica de los niños, con capacidad de vivir con dignidad, respeto y competencia.
• Generar e impulsar un proceso de promoción que transforme la realidad problemática de los muchachos y les capacite para su vida como adultos.
• Constituir junto con los menores y para ellos el mundo afectivo y material que en sus familias se encuentra destruido.
• Promover la reincorporación a la familia cuando haya condiciones y está sea importante para el menor.
• Brindar apoyo jurídico a los menores y promover la defensa de los derechos del niño.
• Brindar apoyo económico y de asistencia social que cubra las necesidades básicas (alimentación, salud, vivienda, educación, recreación).

Los principios principales
• Excluir la creación de hogar cerrado

Una de las principales divisas de los niños de la calle es la de su libertad a toda costa. Hogares cerrados sólo logran generar en el menor un sentimiento de dependencia, falta de autoestima, autocompasión y rechazo. Las instituciones cerradas aíslan al niño, lo hacen antifuncional y torpe para la vida.

• El refugio, la casa-sede

Es imprescindible, no obstante, que un proyecto educativo-liberador con niños callejeros cuente con, al menos, una casa-sede en cual tengan la subsistencia mínima los menores. Porque la identificación positiva con una casa propicia la superación de los conflictos psicológicos, las crisis, la falta de autoestima y de seguridad personal. El menor va adquiriendo estabilidad en un sitio físico, puede irse despendiendo de conductos lesivos de su persona, como la adicción a las drogas y la agresividad. Una un esquema de relaciones mucho menos autocrático y punitivo que al que está acostumbrado, además de casa-sede como refugio disminuye la ansiedad y la frustración psicológica del niño y puede proponerle funcionar como un espacio educativo y de socialización. En su dinámica cotidiana, una casa así habría ofrecerle patrones de identificación complementaria y de carácter positivo. Esa casa, además debe de dotar al niño y adolescente de capacitad para desarrollar habilidades para autosugestión y la cogestión, así como ofrecer destrezas para sobrevivir. Los valores fundamentales que habría de apuntar son los valores humanos colectivos:
- solidaridad
- libertad
- cooperación
- responsabilidad
- democracia

• Trabajar con una pedagogía popular y participativa

Creemos necesario que una institución encargada en la problemática de los niños de la calle debe de optar por un modelo educativo, humanista, solidario y respetuoso de la libertad y de la cultura propia de los menores. Actuar desde la libertad y para la libertad de los niños. El papel que se debe asumir, entonces, no es el de jueces, sino el de educadores. Lo que pretenderíamos es desatar y facilitar un proceso educativo concienciado por el cual los muchachos sean capaces de discernir críticamente entre lo que viven y lo que quieren, entre lo que es positivo y negativo para ellos. Sólo de esta manera, podrán determinar su propio proyecto de vida y el modo de realizarlo.

Creemos que en gran medida los contenidos de la educación institucionalizada han divorciados de la realidad concreta y que, por ello, no capacitan para la vida. Un programa que proponemos y tratamos de llevar adelante quisiera superar este divorcio escuela – vida y generar, en cambio, un aprendizaje para la vida. Asumimos una actitud que llamamos de investigación participativa y transformadora. Desde esta perspectiva, tanta la institución como los educadores han de concebirse sólo como apoyo de un proceso que articula la teoría y la práctica organizativa de los niños hacia una transformación de su propia realidad. Deseamos entonces transformar a los tradicionales “objetos” de la educación en sujetos activos de su propio proceso educativo y transformador. Nuestra disposición subjetiva, por esto mismo, hay de ser de aprendizaje y solidaridad: Ofrecer aquello que se tiene y que los muchachos necesitan, y recibir aquello de lo que se carece.

Así, como promotores, hemos de inscribirnos en un proceso dinámico de interacción con el menor de la calle. Tratar de hacer nuestro “desde fuera”, la vivencia del menor marginada para entrar en su mundo y participar de sus valores y horizontes, de su cultura completa para, en este proceso, llegar – niños y promotores – a la producción y apropiación de valores nuevos que cuestionen nuestra mutua realidad actual y generen nuevos proyectos de vida y alternativas existenciales.

Así, si deseamos interpelar a los menores, antes debemos dejarnos interpelar por ellos, haciendo de lado por un momento los propios esquemas de valor. De esta manera, una acción pedagógica se ha de enriquecer con una metodología específica con la cual pueda hacerse vida todo lo antes expuesto. Tendríamos, entonces, una metodología de carácter liberador.

• Adaptar una metodología que sea libertadora

Esta metodología (conjunto con métodos, técnicas y dinámicas) incorpora, por lo menos, los siguientes elementos:
La investigación participativa, que ayudará a formular las hipótesis, en torno a lo conocido por el investigador, de su marco teórico de referencia, sus inquietudes acerca de las necesidades de los niños en áreas específicas de conocimiento, y sobre todo en torno de las propias inquietudes, dudas, habilidades y necesidades de los niños.

La educación popular, que podrá dotar de herramientas metodológicas para el trabajo del equipo promotor, para el análisis, y para la participación de los mismos niños en la guía del proceso educativo-concienciado que se pretende desatar.

La estrategia educativa, que se ha de construir integrando los principios de investigación participativa y las herramientas de la educación popular. Sólo será a partir de la promoción de actividades y de reflexiones que recuperen la cultura, el universo lúdico del niño y la propia conciencia de sus habilidades, capacidades y limitaciones, como se podrá proyectar un futuro distinto en torno de su propia realidad problemática.

La enculturación, como participación vital y solidaria en la propia cultura de los menores de la calle; el intercambio fecundo de cosmovisiones y valores, de suerte que, como fruto de la interacción, surja una nueva cultura callejera popular, ilustrada y para la liberación.

La educación en la fe. Sí bien partimos de la defensa intransigente de la libertad de creencias, pensamos que, aun desde la propia cultura callejera, un trabajo en este nivel se hace necesario. Así, aunque no imponemos una práctica religiosa particular, vemos conveniente promover la profundización en los propios valores religiosos de los niños, en tanto que la dimensión religiosa-trascendental es constitutiva de la realidad humana.

Intención principal
Una de las intenciones principales de nuestro proyecto es, que los niños de la calle sigan un proceso inverso al que siguieron en tales. Esto es, que los niños de la calle, que primero fueron niños trabajadores hasta que la calle los absorbió, puedan recorrer el camino al revés: volver a ser menores trabajadores y, desde ahí, reincorporarlos con su familia, o integrarlos en el refugio por dejar la calle.

Para nosotros el trabajo como elemento educativo es un proceso intermedio para que el niño comience a integrarse por dejar la calle. Conscientes de que la problemática de los niños trabajadores en la calle es un tema eminentemente polémico, entendemos que es también nuestra labor impulsar procesos de reflexión al propósito en la sociedad tapatía para que los argumentos partan de la cultura de los niños en función de un proyecto de liberación, más que de prejuicios clasistas. El papel nuestro, entonces consiste en impulsar el trabajo infantil como una forma de protección de ellos mismos y como ocasión para su organización, de suerte que les permita tener una palabra dentro de la polémica teórica a propósito del trabajo infantil.

El modelo participante y liberador
El Refugio Heidi y Pedro es una casa abierta. El proceso educativo se desarrolla en 4 etapas.

Etapa 1
El educador / la educadora:
pone en marcha y cultiva contactos con niños y adolescentes trabajadores y callejeros en y de la calle.
establece un ambiente de confianza.
distingue los que son menores callejeros de los que son menores trabajadores
ofrece nuestro refugio y alojamiento a los menores sin recursos y casa.

Normalmente tardará hasta el menor callejero o el grupo de menores callejeros tiene la confianza al educador o a la educadora y aceptan nuestro refugio como lugar para comer, descansar y dormir.

Etapa 2
Durante esta etapa el menor se obliga sólo a respectar las reglas internas del refugio y a colaborar en unas tareas domésticas.

El educador / la educadora

Acompaña y promueve a los menores alojados y / o atendidos en asuntos escolares y personales
Genera, impulsa y desarrolla estrategias educativas y de promoción social e individual
Instruye los conocimientos básicos a los niños mayores y a los adolescentes analfabetos, con objeto de integrarlos a la enseñaza escolar
Motiva a los menores asistir regularmente a clases
Mantiene la asesoría escolar y genera reflexiones conjuntas para que los niños ubiquen la importancia de obtener conocimientos a través de la escuela, y los beneficios que esto trae para el trabajo en la calle. Enseña a los niños y adolescentes técnicas para la elaboración y la venta de productos o servicios en la calle.
Desarrolla las habilidades de los menores para la expresión de los temas de su interés y estimula su desarrollo psicomotor. (Por ejemplo: Elaboración de historietas, volantes, periódicos, actividades artísticas, teatro popular infantil)
Promueve relaciones fraternales entre los niños trabajadores
Promueve una posible organización en torno al propio trabajo, al mercancía vendida, al servicio bríndalo dentro de los espacios laborales para el reparto equitativo.
Enseña a los niños y adolescentes las cuestiones vitales (higiene, salud, alimentación, sexualidad, profilaxis y prevención, medio ambiente, buenos modales, etc.)
Realiza actividades deportivas y excursiones dentro y fuera de la ciudad.
Pone en marcha y cultiva contactos con el entorno actual del menor (escuela, justicia, vecindad etc.)
Practica los valores fundamentales como solidaridad, libertad, cooperación, responsabilidad y democracia
Genera un proceso educativo-cultural sobre los derechos del niño que permite la formación y el manejo de los mismos en el marco de la autodefensa jurídica frente a situaciones de extorsión, agresión policíaca y de la sociedad.

El psicólogo / la psicóloga
Trata las aflicciones psíquicas y traumatismos de los menores, sufridas y experimentadas por personas del entero pasado y actual.
Establece un ambiente de confianza mutua.
Realiza terapias, coloquios y conferencias individuales y por grupos con los menores afectados
Junto con el menor y concertado el educador / la educadora y el psicólogo / la psicóloga prepara la reintegración a la familia (cuando haya condiciones y esta sea importante para el menor
Genera, impulsa y desarrolla planes para el futuro a corto, mediano y largo plazo


La licenciada en derechos
brinda apoyo jurídico para trámites que el menor requiere en materia de defensoría, personalidad y representación.

Etapa 3

El menor
reincorporarse con su familia, o integrarse en el refugio por dejar la calle definitivamente

Etapa 4
El adolescente sale del refugio para vivir independiente o en otro lugar atendido para adolescentes y joven adultos. Un acompañamiento por los educadores sería posible. De la misma manera el adolescente puede pedir consejos en el refugio.

Guadalajara, Agosto de 2002